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Kicillof

Kicillof aterriza en Wall Street y Milei lo culpa por el salto del riesgo país

En 37 horas en Nueva York el gobernador se reunió con bonistas y grandes empresas, prometió pagar la deuda bonaerense y chocó con el Presidente, que lo apuntó por la suba del riesgo país.

"Axel Kicillof durante su agenda en Nueva York." (Diario Perfil)

Axel Kicillof aterrizó en Nueva York con una frase corta y una agenda larga. Soy el gobernador de la provincia de Buenos Aires, vengo en ese rol. No esperen de mí otra cosa, les dijo a bonistas y empresarios. Fueron 37 horas en Manhattan, en paralelo a la Asamblea General de las Naciones Unidas, mientras Javier Milei y Luis Caputo intentaban vender en la misma ciudad el relato de un modelo que todavía convence a Wall Street pero empieza a hacer agua en los números locales.

La coincidencia no fue inocente. El gobernador se sentó con representantes de fondos tenedores de deuda bonaerense -entre ellos Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesarete- y sumó a BlackRock, que pidió entrar a la mesa aunque no tenga posiciones en títulos provinciales. Después recibió a ejecutivos de más de veinte empresas con intereses en el país y en el distrito: Microsoft, Google, Mastercard, MetLife y Louis Dreyfus, además de firmas de energía, minería, petróleo y biotecnología. También estuvo José Luis Manzano, accionista de Edenor, que ya cerró la compra del 70% de Metrogas.

En 37 horas en Nueva York el gobernador se reunió con bonistas y grandes empresas, prometió pagar la deuda bonaerense y chocó con el Presidente, que lo apuntó por la suba del riesgo país.

El cruce con Milei

Mientras esa ronda avanzaba, el riesgo país perforaba los 600 puntos básicos. Milei apuntó sin vueltas: Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, sube. Creo que saben a quién me refiero. La frase cayó sobre Kicillof en el mismo momento en que Caputo buscaba convencer a inversores de que el Gobierno arma un escudo financiero para atravesar las elecciones de 2027. El gobernador había viajado como mandatario; en pocas horas quedó convertido en rival de campaña.

Las preguntas de los bonistas empujaron esa discusión al centro. Uno preguntó, directo, por qué la sociedad no acompaña a Milei. Kicillof respondió que nadie va a acompañar un programa basado en bajar salarios, congelar jubilaciones y paralizar la industria. Sobre el riesgo país, dijo que no es un problema del año electoral sino del peso de la deuda con el Fondo Monetario y de los vencimientos que el oficialismo deberá afrontar el año próximo. Cuando le preguntaron por qué habla de un superávit artificial, enumeró los recursos que Nación les quitó a las provincias y sostuvo que esa detracción equivale al superávit que exhibe Balcarce 50.

Previsibilidad y cautela

El mensaje central fue de previsibilidad financiera. Kicillof insistió en que la Provincia sigue pagando una deuda heredada de la gestión de María Eugenia Vidal, incluso en medio de la crisis, y que mantiene el pago de salarios y el ordenamiento de cuentas sin depender de auxilios nacionales como en etapas anteriores. En la mesa empresaria dio vuelta la pregunta: qué expectativa de crecimiento e inversión tienen para el año que viene. Nadie habló de ampliar plantas ni de contratar más gente. Repitieron cautela ante la incertidumbre electoral, incluso quienes hoy se consideran ganadores del modelo oficial.

El gobernador fue a discutir otra idea que circula en ese circuito: que el programa económico es el correcto y que el problema es solo Milei. Para Kicillof, el problema es también ese modelo. En The New School había dicho antes que la Argentina desaprovecha la reconfiguración global y que las políticas nacionales están en las antípodas de un plan de desarrollo. Criticó el RIGI por ponderar un sector sobre otro y pidió una política industrial que contemple empleo de calidad y recursos naturales.

La foto y el tablero 2027

La gira cerró con la imagen de Kicillof junto al alcalde neoyorquino Zohran Mamdani y al presidente español Pedro Sánchez. En Buenos Aires, en paralelo, Máximo Kirchner presentó un proyecto de impuesto a las transferencias internacionales de capital y Mayra Mendoza volvió a comparar al gobernador con Sergio Massa. En la comitiva bonaerense eligieron el silencio; off the record, alguien admitió que van a complicarles la vida hasta 2027.

Milei y Kicillof ya se miran como posibles rivales del año próximo. Ambos apuestan a una polarización que les sume; una parte enorme del electorado, sin embargo, no quiere elegir entre ellos. Mientras tanto, Wall Street escucha dos relatos sobre la misma economía: el del Presidente, que habla de crecimiento sostenido y dólares que sobran, y el del gobernador, que llega con mate, termo y la promesa de pagar. Entre uno y otro, el riesgo país ya eligió nervios.

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