Quirno monitorea los negocios de Punta Arenas con Malvinas y exige que Chile cumpla los tratados
El canciller descartó una ruptura con Santiago, pero advirtió que la Casa Rosada seguirá de cerca la rueda de negocios entre Punta Arenas y empresarios de las islas, con una ruta marítima prevista para noviembre.

El canciller Pablo Quirno descartó este martes una ruptura diplomática con Chile, pero dejó en claro que la Casa Rosada no va a mirar para otro lado: la rueda de negocios entre Punta Arenas y empresarios de las islas Malvinas está bajo monitoreo permanente, y el Gobierno actuará —dijo— dentro de su espacio jurídico, legal y diplomático si Santiago no respeta los compromisos firmados con el presidente Javier Milei.
La tensión no es abstracta. El Punta Arenas Business Showroom se desarrolla lunes y martes en el Hotel Cabo de Hornos con casi 40 empresarios y funcionarios llegados desde el archipiélago. Louise Ellis, subdirectora de la corporación de desarrollo isleña, lo presentó como "la mayor delegación comercial enviada de la historia". Del lado chileno, el alcalde Claudio Radonich habla de negocios por unos 20 millones de dólares anuales y sueña con convertir a la ciudad austral en "el gran supermercado" de las islas.
El canciller descartó una ruptura con Santiago, pero advirtió que la Casa Rosada seguirá de cerca la rueda de negocios entre Punta Arenas y empresarios de las islas, con una ruta marítima prevista para noviembre.
Quirno eligió el tono de contención. En declaraciones radiales subrayó que la relación con el gobierno de José Antonio Kast "es muy fluida" y "muy intensa", y trazó una distinción táctica: el showroom, dijo, es iniciativa del intendente de Punta Arenas, "no del Gobierno nacional". Así evitó elevar el choque al rango de crisis bilateral, sin soltar la cuerda. "Tenemos acuerdos vigentes con Chile y esperamos que respeten esos tratados como lo hacemos nosotros", sintetizó.
El ancla de esa posición es el encuentro del 3 de septiembre entre Milei y Kast. En ese marco, según la Cancillería, quedó escrito que Chile no prestará apoyo logístico a la explotación de recursos naturales en las islas. Quirno se aferró a esa palabra: "No tenemos por qué dudar de lo escrito por nuestros gobiernos". Y, al mismo tiempo, anticipó que Argentina se nutre de "mayor cantidad de herramientas" para defender sus intereses soberanos, con una estrategia que insiste en calificar de pacífica y diplomática.
El malestar, sin embargo, se alimenta de otras señales. El ministro de Defensa chileno, Fernando Barros, ratificó el apoyo formal al reclamo argentino, pero habló de una "situación de hecho" en la que un "país amigo" ejerce soberanía sobre las islas desde hace dos siglos y defendió que cualquier solución contemple "la voluntad" de quienes viven allí. Para Buenos Aires, eso roza el principio de autodeterminación que el Estado argentino rechaza de plano en Malvinas. Quirno respondió con una frase cerrada: "Palabra de presidente mata palabra de ministro".
En paralelo al showroom avanza otra pieza logística que preocupa a la Casa Rosada. La naviera Easter Island firmó un contrato para operar una ruta marítima directa entre Stanley —Puerto Argentino, para la Argentina— y Punta Arenas, con proyección a Valparaíso y San Antonio. El primer viaje está previsto para mediados de noviembre. Esa vía acortaría a la mitad la distancia que hoy recorren los isleños hasta Montevideo, su principal punto de abastecimiento continental.
El contraste con la estrategia argentina es nítido. Mientras el Gobierno endurece costos y sanciones a empresas que operan en las islas sin autorización —incluyendo el arbitraje por el proyecto petrolero Sea Lion y denuncias penales por vuelos no autorizados—, Magallanes busca abaratar y estabilizar el abastecimiento. Senadores chilenos de distintas bancadas ya salieron a defender el "derecho" de Punta Arenas a comerciar; el gobernador de Magallanes planteó que la integración con Argentina "perfectamente se puede hacer con las Malvinas".
Para el oficialismo, el episodio llega en una semana cargada: Milei viaja a París con gobernadores, el Congreso discute soberanía en Malvinas y el Presupuesto 2027, y la Cancillería intenta sostener a la vez el vínculo con Kast y la línea dura sobre el Atlántico Sur. Quirno no abrió un frente diplomático abierto. Pero tampoco dio por cerrada la historia: "Vamos a seguir monitoreando la situación". El aviso ya está sobre la mesa; el próximo test será noviembre, cuando la ruta marítima intente dejar de ser promesa y pase a ser hecho.

La conversación (0)
Comentarios visibles en este navegador.