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BCRA

El Senado aprobó con cambios la reforma del BCRA y la devolvió a Diputados

El Senado aprobó por 46 a 22 la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, pero modificó el mecanismo de designación y remoción de autoridades. El texto vuelve a Diputados; el mandato único pasa a ser preservar el valor de la moneda.

"Senadores oficialistas y aliados votaron a favor los cambios a la Carta Orgánica del BCRA." (TN)

El Senado dio el paso que el oficialismo necesitaba y, al mismo tiempo, le cambió la letra chica. Por 46 votos a favor y 22 en contra aprobó en general la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, pero introdujo modificaciones de peso en el mecanismo para designar y remover a sus autoridades. Como la Cámara alta alteró el texto que Diputados había sancionado el 26 de agosto, la iniciativa vuelve ahora a la Cámara de origen.

El eje político del debate no fue solo el mandato único —preservar el valor de la moneda—, sino quién controla al directorio. Diputados había fijado que el presidente, el vicepresidente y los directores solo podrían ser apartados con dos tercios de ambas cámaras. En el Senado, aliados radicales y provinciales empujaron otro esquema: acuerdo exclusivo de la Cámara alta por mayoría absoluta, es decir 37 votos, tanto para nombrar como para remover. Ese artículo particular obtuvo 66 votos contra dos, una mayoría que complica cualquier intento de Diputados de insistir con la versión original: para reponerla necesitaría al menos la misma contundencia que logró la revisión.

El Senado aprobó por 46 a 22 la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, pero modificó el mecanismo de designación y remoción de autoridades. El texto vuelve a Diputados; el mandato único pasa a ser preservar el valor de la moneda.

El peronismo rechazó el proyecto en general —José Mayans lo calificó de inconstitucional y habló de un Banco Central convertido en caja blindada sin control parlamentario—, pero acompañó de forma deliberada el cambio del artículo tercero. La lectura opositora fue estratégica: blindar la modificación para que no pueda ser revertida con facilidad cuando el expediente regrese a la Cámara baja.

En el recinto, Patricia Bullrich cerró el debate defendiendo una autoridad monetaria "fuerte" que deje de ser "la caja" de gobiernos que pedían plata sin fondo. Agustín Monteverde, miembro informante, habló de "20 años de saqueo institucional" y de emisión usada para financiar al Tesoro. Del otro lado, Jorge Capitanich advirtió que las reformas son "insuficientes e incongruentes", y Florencia López cuestionó la inembargabilidad de reservas junto con la posibilidad de ponerlas en garantía. Eduardo Vischi, por la UCR, respaldó el fin de la inflación como "impuesto cobarde", aunque advirtió que el equilibrio fiscal sin crecimiento "es como la paz de los cementerios".

Más allá del forcejeo por las mayorías, el cuerpo de la reforma apunta a restringir el arsenal clásico del Central. Queda prohibido el financiamiento directo o indirecto del Tesoro: no más adelantos transitorios ni compra directa de títulos públicos en el mercado primario. Se elimina la voz del ministro de Economía en el Directorio. Las utilidades contables o por diferencia de cambio no podrán transferirse al fisco; deberán priorizar absorber pérdidas, recomponer patrimonio o cancelar deuda. También se avanza en la eliminación de instrumentos como las Letras Intransferibles y en reglas más estrictas para la administración de reservas. Los mandatos de las autoridades quedan fijados en seis años.

La sesión rozó el borde. Varios radicales de distritos sensibles a la tarifa de gas no bajaron al recinto y el quórum se sostuvo justo en 37. En la misma jornada, la Cámara alta convirtió en ley el recorte del régimen de zonas frías, otro capítulo del ajuste energético que el oficialismo empuja en paralelo a la reforma monetaria.

La palabra final, de todos modos, no está dicha. Diputados deberá aceptar el paquete senatorial o insistir con el texto de agosto. En el oficialismo celebran el mandato único y el cierre del grifo de emisión; en la oposición señalan que, con la remoción facilitada al Senado, la independencia prometida convive con una palanca política más liviana. Mientras el expediente viaja de un edificio a otro del Congreso, el mensaje que el Gobierno quiere proyectar es claro: el Banco Central deja de ser cajero automático. El test que viene es si esa arquitectura sobrevive al regreso a Diputados sin perder, en el camino, los votos que ayer le alcanzaron en la Cámara alta.

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