Rosatti advierte que en Rosario “hay mucho que limpiar todavía” en la Justicia
El presidente de la Corte Suprema dijo en Rosario que las estadísticas mejoraron, pero que falta desarmar redes de protección, lavado y corrupción dentro y fuera del Poder Judicial.

Horacio Rosatti puso otra vez a Rosario en el centro del diagnóstico judicial sobre el crimen organizado. En la jura del nuevo juez federal Florentino Malaponte, el presidente de la Corte Suprema admitió que las estadísticas de narcotráfico y violencia mejoraron, pero advirtió que el problema no está cerrado y que todavía hay que limpiar zonas oscuras dentro y fuera del Poder Judicial.
"Hay mucho que corregir, hay mucho que limpiar todavía y lo vamos a seguir haciendo", dijo Rosatti en la Cámara Federal de Rosario. El acto cubrió una vacante que llevaba diez años sin titular y sirvió, otra vez, para medir el estado de la pelea institucional contra el narcotráfico en la ciudad.
El presidente de la Corte Suprema dijo en Rosario que las estadísticas mejoraron, pero que falta desarmar redes de protección, lavado y corrupción dentro y fuera del Poder Judicial.
El titular del máximo tribunal recordó el encuentro que la Corte encabezó en Rosario hace cuatro años, cuando el tribunal buscó enviar una señal política y judicial frente al avance de las organizaciones. Evaluó que desde entonces hubo reacción de instituciones y de la propia comunidad, pero rechazó cualquier lectura triunfalista. "Esto no ha terminado ni mucho menos", insistió.
El núcleo del mensaje apuntó más allá de quien está preso. Para Rosatti, el crimen organizado es un entramado complejo que no se agota en el delincuente detenido: incluye a quien lava el dinero, a quien protege a ese eslabón y a quienes adoptan conductas de mirar para otro lado. Sin avanzar sobre esa red de facilitación, dijo, la mejora estadística queda incompleta.
También habló hacia adentro de la magistratura. Reconoció a fiscales y jueces provinciales y federales que "honraron el cargo", y extendió el gesto a autoridades políticas, a la Corte de Santa Fe y al intendente de Rosario. Al mismo tiempo marcó una frontera clara: quienes no honran el cargo "deben merecer el condigno castigo".
Ese tono no era abstracto. Antes de su intervención, el presidente de la Cámara Federal de Rosario, Aníbal Pineda, había destacado avances del sistema acusatorio y, a la vez, una situación inédita en el fuero: dos jueces con prisión preventiva. Se trata de Marcelo Bailaque, procesado por lavado y quien renunció antes de un jury, y de Gastón Salmain, procesado por coimas, con jury previsto para el 6 de octubre. El juez federal de Garantías Daniel Rodríguez Da Cruz también habló de corrupción dentro del propio Poder Judicial.
A Malaponte, a quien aclaró que no conocía de antemano, Rosatti le dejó una consigna corta: no perder la "doble H", humildad y honestidad. Le advirtió que en Rosario abundan las tentaciones y recordó que se es juez las 24 horas, los 365 días del año. La frase condensó el mensaje institucional del acto: cubrir vacantes no alcanza si no se sostiene la integridad del cargo.
El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, cerró el cuadro político. Destacó la cantidad de vacantes cubiertas en el fuero durante la gestión actual y resumió la estrategia del Estado con una fórmula: el crimen está organizado, pero ahora el Estado también está más organizado para combatirlo. El énfasis oficial apunta a mayor coordinación entre seguridad y Justicia, y a golpear las estructuras económicas que sostienen a las bandas.
Rosatti usó otra imagen que ya había empleado cuatro años atrás: el reflector. Cuando se ilumina un problema, dijo, lo claro se vuelve más claro y lo oscuro queda más oscuro. Esa metáfora ordena su lectura de Rosario: hubo avance visible, pero también quedó expuesto lo que todavía no se tocó.
La señal que deja el acto es doble. Por un lado, la Corte insiste en que Rosario sigue siendo el laboratorio de la respuesta judicial al narcotráfico. Por el otro, advierte que sin limpieza interna y sin persecución de redes de protección y lavado, la mejora de las estadísticas no alcanza para declarar victoria.

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